(No estoy sólo.)
Seguí
caminando por la calle, acomodaba de vez en cuando la mochila sobre mi hombro.
No veía
ninguna de esas cosas por aquí cerca, solté un suspiro aliviado, y seguí
caminando.
Me
preguntaba sí no había nadie vivo, una luz llamó mi atención, apuntaba hacía el
suelo sin más, miré al cielo. ¡Santo dios, un helicóptero!
Grite
mentalmente, inmediatamente saque la pistola que llevaba conmigo…disparé dos
veces al aire, tratando de llamar su atención…pero fue en vano.
-Maldición…
Maldeci por
lo bajo.
- Genial…mí
única salvación, tal vez ni vea otro igual en años y la perdí…Tsk, mal gaste
dos balas. Joder.
Suspiré
resignándome, guarde nuevamente mi pistola y seguí con mi camino.
Hasta que,
escuche unos gritos provenir de una de las casas abandonadas, parecía ser
gritos de una niña.
Inmediatamente
tomé mi arma y patee la puerta de entrada un par de veces, tirándola al suelo.
Loa gritos
parecían provenir de la parte superior, coloque la pistola a un lado de mí
cuerpo, ya listo para apuntar y disparar.
Subí
lentamente las escaleras, pero como estas eran de madera el rechinar de estas
al pisarlas me delato por completo.
-…………….!!
Me alarme
completamente, cuando un golpe se escucho contra la puerta de la habitación al
fondo del pasillo.
Me mantuve
en guardia, caminando hacía la puerta de donde había provenido el ruido.
Puse mí
mano izquierda sobre la perilla, estaba sudando frió…mí pulso tembló cuando
comencé a girar la perilla con lentitud. Pero, algo me detuvo en el
proceso…algo estaba trancando el paso.
Asome un
poco mí cabeza dentro de la habitación, contra la puerta estaba una de esas
cosas…aparentemente muerta, ya seguro abrí la puerta completamente.
- ¿Hay
alguien ahí?...
Pregunté
con voz segura y autoritaria, pero por dentro estaba que me moría del miedo.
Me quede en
silencio unos momentos, podía escuchar a alguien jadear…camine por la
habitación lentamente, tratando de averiguar de donde provenía ese ruido.
Mire detrás
de los muebles, no había nada.
Hasta que,
algo llamo mi atención, un mechón de cabello negro se asomaba por debajo de la
cama.
Ladee un
poco mí cabeza analizando aquello, lentamente camine hacía uno de los costados
de la cama…tirándome en el suelo.
-¿….Hola…?
Levanté un
poco las sabanas que cubrían la cama, mostrando a una pequeña niña…no
aparentaba más de 12 años, era de cabellos largos y negros, y sus ojos no
parecían tener brillo alguno, eran totalmente negros…a tal punto, que daba un
poco de miedo.
La pequeña
tenía un poco de lágrimas acumuladas en sus ojos, amenazando con salir.
-¿Qu-quién
eres?...
Preguntó en
voz baja, parecía que su voz estaba por quebrarse.
- ¿Yo?...la
pregunta debería ser, ¿Quién eres tú?
La niña se
encogió de hombros, haciendo su vista a un lado.
- Yo…no…lo
sé…
Una sonrisa
ladina se dibujó en sus labios, le extendí mí mano a la menor, invitándola a
salir.
-Ven…no
temas...
Bien,
bien…lo admito no soy tan malo, a veces puedo ayudar y a una niña indefensa más
rápido aún.
La menor
solo asintió levemente con la cabeza, tomó mí mano y salió de bajo de la cama,
se enderezó sentándose frente a mí.
-Dime, ¿que
haces aquí?..¿Y tus padres?... ¿cuantos años tienes?
Bombardee a
la menor con mis preguntas, sabía que en estos momentos podría estar muy
asustada y confundida, pero tenía que saber más de ella si quería salvarla, si.
-Y-yo…no lo
sé…no sé nada.
Bajó la
cabeza, apretando sus puños sobre la tela de su vestido.
-Solo…recuerdo
que…desperté y…había una de esas cosas gruñéndome y…le pegué con la lámpara.
Me contó
todo de forma lenta y pausada.
-Ya
veo…entonces no recuerdas nada, ¿no?
Ella
simplemente asintió suavemente con la cabeza.
-
Entonces…Te puedo poner un nombre?
Ella alzo
la mirada, mirando me con una mirada entre alegre y nostálgica a la vez.
-Si…
Musitó aquello,
para después sonreír amplia.
-Hunm…veamos…
Me levanté
del suelo, caminando por la habitación…sobre la mesa de noche a un lado de la
cama, había un cuento infantil.
Este llamó
mí atención, caminé hacía este…lo tomé entre mis manos, leyendo la portada.
“Hanna y
sus aventuras”.
Inmediatamente
supe que este era el indicado.
-Hanna….te
llamaras Hanna.
Dije con
una sonrisa.
La niña lo
único que hizo fue mirarme y sonreír más que amplia.
-¡Vale!....
Exclamó
sonriente.
-Entonces,
Hanna… ¿te gustaría acompañarme?...conmigo estarás a salvo y acompañada.
Dije con
una amplia sonrisa.
Después de
ahí Hanna y yo, nos retiramos del lugar, a seguir nuestro camino hacía el
laboratorio.
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